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Bienestar

Síndrome de corazón roto: qué dos actividades ofrecen una recuperación efectiva, según un estudio

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Un estudio presentado en Madrid, y citado por The Guardian, identificó estrategias no farmacológicas con impacto positivo en la condición física y emocional de personas con esta afección vinculada al estrés y los acontecimientos traumáticos

Una crisis emocional puede causar mucho más que dolor y cicatrices en el alma: puede desencadenar un colapso físico capaz de dejar secuelas de por vida o incluso poner en riesgo la existencia. Lo que popularmente se conoce como síndrome del corazón roto, denominado por la medicina miocardiopatía de Takotsubo, ha sido durante años una enfermedad poco comprendida y sin tratamiento eficaz.

Esta dolencia, que afecta principalmente a mujeres mayores y provoca síntomas similares a los de un infarto, puede duplicar el riesgo de muerte prematura respecto a la población general, deteriorando seriamente la calidad de vida.

Oculta tras historias de pérdidas, rupturas y momentos de intenso estrés, la miocardiopatía de Takotsubo ha permanecido a la sombra de la cardiología clásica. Sin embargo, un reciente estudio presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Madrid podría marcar un punto de inflexión.

Terapia cognitivo-conductual y ejercicio físicoTerapia cognitivo-conductual y ejercicio físico demostraron mejorar la función cardíaca y la calidad de vida en pacientes con síndrome de Takotsubo, según un reciente estudio clínico internacional liderado por la Universidad de Aberdeen.

De acuerdo con información de The Guardian, por primera vez se abren posibilidades reales de recuperación funcional y mejora de la calidad de vida a través de terapia cognitivo-conductual y ejercicio físico, dos intervenciones sencillas, seguras y de bajo costo.

Ejercicio y salud mental: una combinación innovadora

La posibilidad de que el ejercicio físico y la terapia cognitivo-conductual ayuden a quienes sufren el síndrome del corazón roto se ha fortalecido luego de la presentación de este ensayo clínico pionero. El estudio, liderado por el Dr. David Gamble, profesor clínico de cardiología en la Universidad de Aberdeen, reunió a 76 pacientes, en su mayoría mujeres (91%) con una edad promedio de 66 años, diagnosticados con miocardiopatía de Takotsubo.

Los participantes se dividieron en tres grupos: uno recibió terapia cognitivo-conductual, otro siguió un programa de ejercicios de rehabilitación cardíaca —incluyendo natación, spinning y aeróbico— y el tercero continuó con la atención estándar recomendada por sus cardiólogos.

El ensayo clínico, presentado enEl ensayo clínico, presentado en Madrid, incluyó a 76 pacientes y mostró mejoras objetivas en la energía y capacidad funcional del corazón (Freepik)

Las pacientes asignadas al grupo de terapia recibieron doce sesiones semanales personalizadas, con apoyo diario según necesidad. El grupo de ejercicio desarrolló un programa de doce semanas con actividades físicas controladas, aumentando la intensidad y frecuencia progresivamente. Todos los participantes mantuvieron sus cuidados médicos habituales.

Resultados y evidencia: qué indicadores marcaron la mejoría

Para valorar el impacto, los investigadores utilizaron una técnica avanzada de resonancia magnética (espectroscopia de 31P) que permitió analizar directamente cómo el corazón produce, almacena y usa la energía. Tanto quienes recibieron la terapia cognitivo-conductual como quienes participaron en el programa de ejercicio físico experimentaron un aumento considerable de la energía disponible para la función cardíaca. Por el contrario, no se observaron efectos similares en el grupo de atención estándar.

Los resultados objetivos refuerzan el valor de estas intervenciones. En el grupo de TCC, la distancia promedio recorrida en seis minutos pasó de 402 a 458 metros.

La terapia cognitivo-conductual y elLa terapia cognitivo-conductual y el ejercicio físico aumentaron la distancia recorrida y el consumo máximo de oxígeno en los pacientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El programa de ejercicio permitió a los participantes aumentar la media de 457 a 528 metros. Además, el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.), indicador clave del estado funcional, se incrementó un 15% en la terapia y un 18% en el grupo de ejercicio. Este avance sugiere una recuperación tangible y una mejor salud cardiovascular.

Impacto en la comunidad médica

El Dr. Gamble destacó la importancia de estos resultados frente a una enfermedad considerada grave y muchas veces invisible: “El síndrome de Takotsubo presenta graves efectos en el corazón, que podrían no normalizarse. Sabemos que los pacientes pueden verse afectados de por vida y que su salud cardíaca a largo plazo es similar a la de quienes han sobrevivido a un infarto”, afirmó en un comunicado emitido por la Fundación Británica del Corazón.

También subrayó la relevancia del llamado “eje cerebro-corazón” y la necesidad de intervenciones psicosociales que, como la terapia cognitivo-conductual y el ejercicio, sean accesibles y dirigidas a un grupo históricamente desatendido.

El síndrome de Takotsubo estáEl síndrome de Takotsubo está asociado a estrés extremo y pérdidas vitales, y hasta ahora carecía de tratamientos avalados por la ciencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Dra. Sonya Babu-Narayan, directora clínica de la British Heart Foundation y responsable de la financiación del ensayo, se expresó en el mismo sentido: “El síndrome de Takotsubo puede ser una afección devastadora que puede afectarlo en un momento realmente vulnerable si se desencadena por un evento importante de la vida. Puede que a la gente no le sorprenda tanto que un programa de ejercicios haya ayudado a los pacientes cardíacos, pero resulta fascinante que este estudio también haya demostrado que la terapia cognitivo-conductual mejoró la función cardíaca y la condición física de los pacientes”, explicó en el mismo comunicado emitido por la entidad británica.

Nuevos horizontes y cautela fundamentada

El síndrome de Takotsubo, profundamente asociado a situaciones de estrés extremo y pérdidas vitales, hasta ahora no contaba con opciones terapéuticas avaladas por la ciencia. Las personas diagnosticadas presentan elevado riesgo de insuficiencia cardíaca, muerte prematura y síntomas persistentes durante años, afectando seriamente su calidad de vida.

El Dr. David Gamble yEl Dr. David Gamble y la Dra. Sonya Babu-Narayan destacan la importancia de intervenciones psicosociales y accesibles para el síndrome de Takotsubo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque los resultados obtenidos generan verdadero optimismo, la comunidad médica mantiene la prudencia.

Los expertos advierten que el estudio es pionero y presenta limitaciones, por lo que se requieren nuevas investigaciones para establecer si los beneficios en capacidad funcional se traducen en mejoras de supervivencia o en una reducción sostenida de los síntomas a largo plazo.

Aun así, el avance es trascendente: por primera vez, abordar el corazón roto con ejercicio y apoyo psicológico demuestra beneficios concretos y ofrece esperanza a cientos de miles de pacientes. Un futuro en el que la medicina trate el dolor emocional y físico de forma integral parece ahora más cercano, con la promesa de devolver salud y calidad de vida tras el golpe de la adversidad.

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Bienestar

¿Qué significa ser tóxico? señales, mecanismos ocultos y herramientas para recuperar la salud emocional

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Entender por qué surge la crítica constante, la manipulación o el ninguneo y cómo se transforman es clave para mejorar el modo en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

 

Las relaciones humanas son la base de la vida en comunidad y pueden potenciar nuestro bienestar o convertirse en una fuente de agotamiento y sufrimiento. La salud vincular exige comprensión, límites claros y un trabajo interno profundo para desactivar patrones que hieren, confunden o desgastan la vida cotidiana.

Relacionarse no es un talento innato: es una habilidad que se construye. Cada interacción, mínima o profunda, influye en nuestro bienestar psicológico y en la manera en que transitamos la vida. La actitud positiva, la escucha, la variedad de perspectivas y la capacidad de reconocer al otro como un sujeto completo son pilares que, cuando fallan, dan lugar a dinámicas nocivas.

Entre esos modos negativos de vincularse aparece lo que popularmente llamamos “toxicidad”. No siempre es evidente; muchas veces se esconde en gestos cotidianos, en tonos, en formas de comunicar o en patrones que erosionan vínculos laborales, familiares o afectivos.

“La etiqueta ‘persona tóxica’ intenta describir dinámicas que producen menoscabo emocional y hostilidad”, explica el psicólogo deportivo Gustavo Maure (M.N 9443), quien analiza este fenómeno desde una perspectiva psicoanalítica y vincular.

Señales que alertan sobre un vínculo que hace daño

La toxicidad puede manifestarse de maneras muy distintas: desde la crítica permanente hasta la manipulación emocional o el agotamiento psíquico generado por la victimización crónica. Además, es una forma de violencia emocional.

La toxicidad puede infiltrarse en relaciones de pareja, amistades, entornos laborales e incluso en el seno familiar, creando un clima de tensión y malestar generalizado. (Foto: Mujer ante el espejo - Delvaux, Paul. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza)
La toxicidad puede infiltrarse en relaciones de pareja, amistades, entornos laborales e incluso en el seno familiar, creando un clima de tensión y malestar generalizado. (Foto: Mujer ante el espejo – Delvaux, Paul. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza)

Maure detalla que estas señales suelen ser recurrentes:

  • Desvalorización crónica: ataques a la identidad del otro, no a un hecho puntual.
  • Ninguneo: ignorar, desestimar o hacer sentir irrelevante al otro.
  • Manipulación: desde la culpa hasta el gaslighting, distorsionando la realidad ajena.
  • Drenaje emocional: drama constante, conflictos repetidos, victimización.
  • Invasión de límites: no reconocer el “no”, la privacidad o la necesidad del otro.
  • Falta de responsabilidad: negar errores y desplazar la culpa hacia afuera.

Detrás de estos patrones suele haber miedo, inseguridad, una necesidad de control o una defensa narcisista que protege una imagen interna frágil.

¿Y si la conducta tóxica es propia?

El primer paso es la capacidad de observarse sin justificarse: “Una persona puede reconocer estos comportamientos preguntándose cómo reacciona la gente a su alrededor, si los conflictos son permanentes o si su impulso inicial ante un error es criticar”, señala Maure.

Para avanzar:

  • Toma de conciencia plena.
  • Frenar impulsos de crítica o control.
  • Cuidar la forma y la oportunidad al comunicar.
  • Aprender de modelos positivos.
  • Construir vínculos desde la cooperación, no desde la jerarquía emocional.

Maure afirma que toda conducta tóxica vuelve, tarde o temprano, contra quien la ejerce. Reconocerlo es esencial.

Cuando daña a los demás:

  • deterioro del vínculo
  • pérdida de confianza
  • desgaste emocional ajeno

Cuando daña a uno mismo:

  • aislamiento social
  • aumento de la angustia
  • rigidez emocional
  • incapacidad de autocrítica

La toxicidad no es solo un problema relacional: es un modo de sufrir.

Cómo salir del miedo, el perfeccionismo y la necesidad de control

Estos mecanismos suelen ser defensas ante la angustia. Para desarmarlos, Maure recomienda:

  • dejar de interpretar cada desacuerdo como un ataque
  • usar el humor compartido para flexibilizar vínculos
  • practicar la escucha activa
  • aceptar el error propio y ajeno
  • soltar el intento de controlar lo que el otro quiere o siente

El desafío es pasar de la rigidez a la flexibilidad emocional.

Límites sanos: protegerse sin entrar en la dinámica tóxica

Quienes conviven o trabajan con personas tóxicas necesitan herramientas claras:

  • No escalar el conflicto.
  • Establecer límites concisos y firmes.
  • Reducir la inversión emocional.
  • Evitar la justificación excesiva.
  • No asumir culpas proyectadas.

La consulta terapéutica puede ser necesaria tanto para quien ejerce conductas tóxicas como para quien las padece.Cuando el conflicto se repite, cuando los vínculos se deterioran, cuando la autoestima cae o cuando la angustia domina, buscar ayuda es clave. Las terapias de orientación psicoanalítica o psicodinámica permiten trabajar no solo la conducta, sino el origen emocional de estos patrones.

Leé también: De lo hice por vos a todo es culpa tuya: cinco conductas de las personas tóxicas para estar alertas

“El que ama, se hace humilde”, recordó Freud. Mejorar los vínculos implica renunciar al narcisismo, reconocer al otro y construir puentes donde antes había distancia. La salud vincular, dice Maure, es un trabajo diario, una elección y una práctica constante

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Bienestar

Científicos crean mini pulmones en laboratorio para agilizar la investigación de enfermedades respiratorias

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Los desarrollan expertos de Alemania. Cómo podrían resolver desafíos comunes y acelerar la llegada de terapias efectivas

 

Científicos en Alemania desarrollan unCientíficos en Alemania desarrollan un método automático para crear organoides pulmonares en laboratorio (Archivo Freepik)

Los organoides son pequeños grupos de células cultivadas en laboratorio que se organizan de manera similar a un órgano real.

Contienen varios tipos de células del órgano original y reproducen, en miniatura, algunas de sus funciones y estructuras.

Ahora, un grupo de científicos de Alemania diseñó una forma sencilla y automática de fabricar “mini pulmones” en el laboratorio. Los resultados fueron publicados en la revista Frontiers in Bioengineering and Biotechnology.

Se trata de organoides pulmonares. Es un avance que podría permitir que esos modelos celulares se generen de forma más rápida, eficiente y con menos intervención manual.

Cuáles serían los beneficios

Los organoides pulmonares reproducen funcionesLos organoides pulmonares reproducen funciones y estructuras clave del pulmón real. Podrían mejorar el estudio de enfermedades respiratorias./ Frontiers

De esa manera, se podría facilitar la investigación, el desarrollo de medicamentos y la posibilidad de personalizar tratamientos para enfermedades respiratorias.

Solo se requiere un tanque especial con líquido oxigenado y movimiento constante para ver cómo nacen estos modelos celulares en cantidades enormes.

Antes, producir organoides demandaba paciencia y trabajo detallado. Era como armar un rompecabezas, célula por célula, a mano.

El nuevo sistema permite que, en vez de dedicar horas a cada pequeño “pulmón”, los científicos usen un método casi automático.

El nuevo sistema permite fabricarEl nuevo sistema permite fabricar mini-pulmones de manera rápida y eficiente, reduciendo la intervención manual en el proceso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Así pueden probar medicamentos, investigar malas condiciones del pulmón e incluso usar células del mismo paciente para saber cómo funcionaría un tratamiento.

En el futuro, esto podría ayudar a evitar pruebas innecesarias en pacientes o terapias poco efectivas.

El trabajo fue liderado por Diana Klein en la Universidad de Duisburgo-Essen, Alemania.

Desafíos y metas claras

El avance podría acelerar elEl avance podría acelerar el desarrollo de medicamentos y la personalización de tratamientos para afecciones pulmonares. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hasta hace poco, hacer organoides era tan trabajoso que no resultaba práctico. Por eso, los científicos querían que la fabricación fuera sencilla, eficiente y permitiera armar grupos grandes a la vez.

La meta principal era diseñar un sistema automático y masivo, sin perder la calidad necesaria para la investigación preclínica.

Los expertos sabían que, si las células evolucionaban solas en un sistema bien guiado, podrían multiplicar la cantidad de organoides y crear una “fábrica de mini pulmones”.

Los organoides, al tener los mismos tipos de células que el órgano real, resultaban más útiles que las líneas celulares habituales.

El objetivo de los científicos en Alemania era también saber si el método automático reproducía a la perfección los elementos más importantes del pulmón.

Un método novedoso y sencillo

El método utiliza células madreEl método utiliza células madre y un tanque especial con líquido oxigenado para generar grandes cantidades de organoides. (Archivo Imagen Ilustrativa Infobae)

El proceso empieza con células madre, que tienen el potencial para convertirse en diferentes clases de células del cuerpo. Estas se cultivan en placas plásticas hasta que crecen lo suficiente.

Después, los científicos las separan y las colocan en una placa antiadherente, donde forman unas esferas celulares llamadas cuerpos embrioides.

En ese punto, los cuerpos embrioides reciben factores de crecimiento, sustancias semejantes a las que ayudan a formar el pulmón durante el desarrollo de un bebé.

Así, las células toman la forma y función de las que componen el pulmón. Klein destacó: “El mejor resultado por ahora —simplemente— es que funciona”.

Aunque los organoides automáticos sonAunque los organoides automáticos son más grandes, presentan menos agrupaciones de alvéolos que los fabricados manualmente/Archivo Robina Weermeijer Unsplash

Posteriormente, los cuerpos embrioides van al tanque especial, con una membrana en movimiento y medio oxigenado. En paralelo, se hace un grupo de control de forma manual, para comparar.

Luego de cuatro semanas, aparece el resultado. Tanto el método automático como el manual logran estructuras con vías respiratorias y alvéolos.

Sin embargo, los organoides manuales tienen más células de alvéolo y los automáticos resultan más grandes, con menos agrupaciones de alvéolos.

Cuáles son los pasos próximos

El equipo liderado por DianaEl equipo liderado por Diana Klein en la Universidad de Duisburgo-Essen busca optimizar la calidad y cantidad de mini-pulmones producidos./Archivo

A pesar del avance, estos mini pulmones aún no incluyen células inmunitarias ni vasos sanguíneos.

No tienen circulación de sangre, así que el ambiente se mantiene estático. De todas maneras, sirven para probar medicamentos y tratamientos personalizados.

El equipo de Klein admite que queda mucho por mejorar, pero ya se abrió una puerta para encontrar terapias más eficaces y rápidas para enfermedades respiratorias

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Bienestar

La merienda, el hábito que mejora la energía y el bienestar emocional, según expertos

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Incorporar una pausa alimentaria a media tarde ayuda a estabilizar el apetito, disminuir el estrés y sostener la concentración durante la jornada, afirman especialistas de Harvard y recientes estudios citados por Vogue. Cuáles son las alternativas nutritivas recomendadas

 

Recuperar el hábito de laRecuperar el hábito de la merienda en la adultez favorece el bienestar físico y mental, según expertos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Recuperar el hábito de la merienda, tradicionalmente vinculado con la infancia, puede convertirse en una herramienta valiosa para el bienestar físico y mental en la vida adulta. Según expertos citados por Vogue, incorporar una pausa alimentaria a media tarde ayuda a mantener la energía y la concentración, y contribuye a reducir la ansiedad y el estrés.

Origen y significado histórico de la merienda

La costumbre de merendar tiene raíces profundas en la historia. La palabra “merienda” proviene del latín “merenda”, que hacía referencia a “lo que debe merecerse”, es decir, un alimento reservado para quienes completaban una tarea o una jornada exigente.

Relatos históricos la describen como la ración ligera que recibían los soldados tras el entrenamiento, funcionando como recompensa y medio de recuperación. Expertos consultados por Vogue destacan que la ciencia del comportamiento actual respalda este enfoque: estudios en psicología y neurociencia han demostrado que introducir pequeñas pausas asociadas al bienestar mejora la percepción del esfuerzo, reduce la fatiga y fortalece la adherencia a rutinas saludables.

Beneficios psicológicos y fisiológicos

Más allá de su valor simbólico, la merienda puede convertirse en un acto de autocuidado. Elegir una fruta, frutos secos o una tostada integral no solo aporta nutrientes, sino que también representa un momento para detenerse y reconocer el trabajo realizado.

Las pausas alimentarias recomendadas porLas pausas alimentarias recomendadas por Vogue ayudan a mantener el cerebro activo durante el día (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación publicada en The Journal of Nutrition demuestra que incorporar un refrigerio saludable a media tarde, como hummus o frutos secos, reduce el consumo posterior de postres y dulces en casi un 20%. Además, este hábito aumenta la sensación de saciedad y mejora el control glucémico después de varias horas sin comer.

En tanto, expertos consultados por Vogue afirman que este tipo de pausas alimentarias ayudan a mantener el cerebro despierto y evitan la sensación de carencia al final del día. Además, la merienda actúa como un puente entre la comida y la cena, estabilizando los niveles de glucosa y reduciendo el impacto de la fatiga mental, especialmente en jornadas laborales extensas.

Según Harvard Medical School, los frutos secos, el yogur con frutas frescas o una combinación de granos integrales y proteínas aportan energía sostenida y han demostrado activar áreas cerebrales vinculadas al control del apetito y a la función cognitiva, favoreciendo la concentración y el bienestar emocional durante la tarde.

Una merienda nutritiva puede ser clave para evitar el hambre acumulada que, en muchos casos, desencadena comportamientos alimentarios impulsivos y elecciones poco saludables. Cuando el cuerpo pasa muchas horas sin alimento, se activan los centros de recompensa cerebral, lo que puede llevar a picoteos y a una mayor sensación de inquietud. Incluir una merienda equilibrada ayuda a mantener la ansiedad bajo control y favorece una mejor gestión del apetito.

Ayuno intermitente y mitos asociados

El ayuno intermitente gana popularidadEl ayuno intermitente gana popularidad y despierta interrogantes sobre la importancia de la merienda en la dieta diaria (Freepik)

El auge del ayuno intermitente ha generado dudas sobre la conveniencia de merendar. Es por eso que los expertos aclaran que este método no consiste en saltarse comidas al azar ni en pasar hambre para compensar excesos. El ayuno intermitente se basa en prolongar el tiempo entre dos ingestas, sumando las horas de sueño al periodo sin comida.

Los estudios más recientes indican que los beneficios metabólicos aparecen cuando se superan ventanas de 12 a 14 horas sin ingerir alimentos. Por debajo de ese umbral, los efectos sobre la regulación del apetito y la energía son limitados. Por tanto, merendar no rompe el ayuno si la última comida principal fue al mediodía; incluso puede facilitar el cumplimiento de las horas de ayuno si la merienda se convierte en la última ingesta del día, siempre que sea completa en términos nutricionales.

Cómo estructurar una merienda equilibrada

Para quienes buscan una guía práctica, Harvard Health Publishing sugiere que los refrigerios pueden ser parte de un patrón alimentario saludable si se eligen alimentos integrales, minimizando los ultraprocesados y priorizando combinaciones de proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos. Ejemplos recomendados incluyen yogur griego con bayas, hummus con bastones de vegetales frescos, frutos secos mezclados con cerezas deshidratadas, o galletas integrales con mantequilla de almendra

Asimismo, Vogue recomienda otra estrategia: el Plato de Harvard. Esta herramienta visual propone que la mitad del plato esté compuesta por frutas y verduras frescas, un cuarto por proteínas de calidad (como pescado, pollo, huevos o tofu) y el último cuarto por carbohidratos integrales (quinoa, arroz integral o pan 100% de grano entero).

El Plato de Harvard esEl Plato de Harvard es una guía visual recomendada por expertos para una alimentación equilibrada y saludable (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, recomiendan añadir una pequeña cantidad de grasas saludables, preferiblemente aceite de oliva, y optar por agua como bebida principal. Esta composición favorece la saciedad, estabiliza la energía y contribuye a un descanso nocturno más reparador.

La importancia de escuchar las señales del cuerpo

La decisión de merendar o no debe basarse en las señales reales de hambre y saciedad, y no en reglas rígidas. Los expertos consultados por Vogue señalan que la alimentación intuitiva permite tomar decisiones más estables y menos impulsivas. Si aparecen síntomas como irritabilidad, dificultad para concentrarse o una urgencia por comer cualquier cosa, es probable que se trate de hambre acumulada.

En cambio, si la energía se mantiene estable durante la tarde, puede no ser necesario añadir una comida extra. La clave está en distinguir entre necesidad y simple impulso, y en reconocer que ignorar las señales del cuerpo no es sinónimo de autocontrol, sino de desconexión.

Adaptar la merienda a las necesidades personales, sin imponer normas estrictas, permite que este hábito recupere su valor como pausa de bienestar y autocuidado, guiando las elecciones alimentarias hacia un mayor equilibrio y satisfacción diaria.

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